La columna de Cristian Lopez
El futbol nos entrega permanentemente una tremenda cantidad de ejemplos totalmente aplicables a la realidad que vive cada país, sociedad y cultura, se le atribuye -por ejemplo- al gran novelista y filósofo Albert Camus la siguiente frase “Todo cuanto sé con mayor certeza sobre la moral y obligaciones del hombre se lo debo al fútbol”, dada esta profunda afirmación, podemos entonces, comparar sin culpa alguna un partido de futbol con una elección política, denominada en esta ocasión por la farándula electoral noticiosa y de manera rimbombante “Copa madre de todas las batallas”.
Esta clásica expresión futbolera “la pelota al piso” es un llamado al orden, pero no a un orden rígido, dictatorial, obediencia ciega, ni sometimiento, es por lo contrario una forma de decir juguemos como lo indica la esencia del juego, no a pelotazos rústicos y desesperados a ver si en una de esas el oportunismo de uno de nuestros jugadores puede, dado el azar de la dirección de la pelota, marcar un gol. La esencia del juego es construir “jugadas”, “asociaciones” que desde lo más básico como pasarle la pelota a alguien de tu equipo, hasta pases largos, lujos y desborde de habilidad de los jugadores que permitan al equipo ganar, por lo tanto y para efectos de este análisis el mayor llamado de la frase “La pelota al piso” es un golpe de realidad y un retorno a una dinámica simple y esencial, jugar y juzgar adecuadamente como jugamos.
La situación de las elecciones de la segunda vuelta de gobernadores ha estado llena de pelotazos rústicos, rimbombancia, pirotecnia y análisis dignos de la locura del exitismo, … “el triunfo exige cambio” dijo el gran técnico Mirko Jozic, vale la pena preguntarse entonces ¿qué cambios a la liga de la democracia le hicieron quienes fueron campeones las últimas décadas? Nos transformaron en una liga (de esas que varios admiran) donde solo 2 equipos pueden ser campeones, otros equipos se conformaban con copas internacionales como cupos para el congreso, ministerios y subsecretarías, ¿el resto? comparsa que en términos estrictos da lo mismo si está en primera B, segunda o amateur. Cuando los equipos modestos dijeron que no jugaban más con esas reglas, rápidamente inventaron un acuerdo de estatutos para la liga, así solucionaban el problema, no paraban el torneo y probablemente con esas condiciones seguirían siendo campeones. En ese nuevo estatuto, permitieron mayor espacio a los “nuevos” sin embargo los de la Primera A todos poderosos se preocuparon por cierto de que los equipos chicos no crecieran (menos los de regiones) y crearon normativa para disminuir sus cupos de ascenso de división, agregando una cantidad infernal de requisitos para mantenerse en la primera A. (juntar firmas, notario, presencia en los medios, propaganda política, recursos y financiamientos)
Entre los eternos principios esculpido en piedra del fútbol está el respetado “los jóvenes ganan partidos, los viejos ganan campeonatos” sin embargo y contra todo pronóstico de los expertos deportivos (Navia, Lagos, Auth, ministro Bellolio) los vencedores fueron justamente los que nunca habían participado en primera, ganaron mirando hacia atrás, dando cátedra de contragolpes rápidos, directos, ocupando los recursos existentes, privilegiando el colectivo antes que las individualidades, y entrenando y repitiendo jugadas -como dice el manual bielsista- para que el equipo funcione como relojito. Pero quedó pendiente la segunda vuelta de la copa-gobernadores donde se presentaban “los que ganan títulos”, pues las otras listas no han sido gobierno y no están consolidadas para jugar este torneo con la misma fuerza que “los con experiencia”, sin embargo, solo votaron 2 y medio millón de personas con un promedio de un 19% de participación regional, de los cuales 1 millón y medio votan en la R. Metropolitana y el otro millón se lo reparten las regiones. ¿Por qué se analiza como triunfo absoluto entonces las elecciones de esta liga?
La única “madre de todas las batallas” a juicio de este “opinante” (y este caso electoral futbolero) fue la “constituyente”, poner la pelota al piso es a fin de cuenta exigencia ética de sentido, en vez de criticar a los que no van a los estadios a ver estos partidos (elecciones) tildándolos de flojos, pobres e inconscientes, que prefieren ver (si pueden) por alguno de estos canales que transforman estos encuentros en cadena nacional, invitaría a preguntarnos primero por las razones de la ausencia, eliminemos ese prejuicio triste de la generalización y slogans que todo lo soluciona pues parece como principio de representación asumido: “lo que Chile quiere”, “lo que la gran mayoría del país necesita” , “el deber cívico” o “la fiesta de la democracia” que termina por marear en signos de interrogación a cualquier ser humano. La pelota al piso de una vez, que no nos vengan con análisis de programa deportivo que hace fiesta o tragedia por un partido, por el penal no cobrado, porque tenían jugadores lesionados, el análisis chiquitito. La pelota al piso, construyamos juego, pero sin subestimar la calidad e inteligencia del rival y de los espectadores.